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Mundo Cooperativo

9 de octubre de 2026

Género

La brecha de género también habita en el cooperativismo tecnológico

Por Administrator · · 4 min de lectura

La brecha de género también habita en el cooperativismo tecnológico

Un relevamiento pionero realizado por FACTTIC revela cómo las desigualdades de género estructurales se replican incluso en espacios autogestivos y colaborativos. El informe propone caminos para revertir estas lógicas e impulsar una transformación real y colectiva.
En un sector que se precia de horizontal, participativo e inclusivo como el cooperativismo, los datos pueden ser incómodos. Pero son necesarios. La Federación Argentina de Cooperativas de Trabajo de Tecnología, Innovación y Conocimiento (FACTTIC) acaba de dar un paso importante: encarar su primer relevamiento interno sobre género en las 28 cooperativas que la integran. ¿El resultado? Un espejo que refleja una realidad conocida, pero pocas veces medida con lupa.

El informe, realizado junto a la investigadora Julieta Grasas del Instituto Gino Germani (UBA), revela que las desigualdades de género no son ajenas a la lógica cooperativa, y que muchas de las prácticas del mercado tradicional se reproducen también en espacios autogestionados. El 82% de las cooperativas tiene presidencias encabezadas por varones cis, y un cuarto de ellas jamás incorporó mujeres o disidencias en sus consejos de administración.

En los equipos técnicos, la situación tampoco es equitativa. Las tareas más valoradas del sector —como desarrollo full stack o backend— están dominadas por varones cis, mientras que las mujeres cis y disidencias ocupan mayormente roles de gestión interna o apoyo, con menor reconocimiento y crecimiento profesional.

Pero el estudio no se queda en el diagnóstico. También identifica prácticas concretas que apuntan a revertir este escenario: capacitaciones con enfoque de género, licencias igualitarias, jornadas flexibles y un código de conducta que, aunque no universal, sienta bases comunes frente a situaciones de violencia o discriminación.

Desde FACTTIC sostienen que esta investigación es apenas un punto de partida. La idea es sostener la evaluación a lo largo del tiempo, articular nuevos espacios formativos como semillero.coop.ar y construir una transformación duradera. El camino hacia un cooperativismo tecnológico verdaderamente inclusivo no será corto, pero este primer paso ya lo puso en marcha.

Un relevamiento pionero realizado por FACTTIC revela cómo las desigualdades de género estructurales se replican incluso en espacios autogestivos y colaborativos. El informe propone caminos para revertir estas lógicas e impulsar una transformación real y colectiva. En un sector que se precia de horizontal, participativo e inclusivo como el cooperativismo, los datos pueden ser incómodos. Pero son necesarios. La Federación Argentina de Cooperativas de Trabajo de Tecnología, Innovación y Conocimiento (FACTTIC) acaba de dar un paso importante: encarar su primer relevamiento interno sobre género en las 28 cooperativas que la integran. ¿El resultado? Un espejo que refleja una realidad conocida, pero pocas veces medida con lupa. El informe, realizado junto a la investigadora Julieta Grasas del Instituto Gino Germani (UBA), revela que las desigualdades de género no son ajenas a la lógica cooperativa, y que muchas de las prácticas del mercado tradicional se reproducen también en espacios autogestionados. El 82% de las cooperativas tiene presidencias encabezadas por varones cis, y un cuarto de ellas jamás incorporó mujeres o disidencias en sus consejos de administración. En los equipos técnicos, la situación tampoco es equitativa. Las tareas más valoradas del sector —como desarrollo full stack o backend— están dominadas por varones cis, mientras que las mujeres cis y disidencias ocupan mayormente roles de gestión interna o apoyo, con menor reconocimiento y crecimiento profesional. Pero el estudio no se queda en el diagnóstico. También identifica prácticas concretas que apuntan a revertir este escenario: capacitaciones con enfoque de género, licencias igualitarias, jornadas flexibles y un código de conducta que, aunque no universal, sienta bases comunes frente a situaciones de violencia o discriminación. Desde FACTTIC sostienen que esta investigación es apenas un punto de partida. La idea es sostener la evaluación a lo largo del tiempo, articular nuevos espacios formativos como semillero.coop.ar y construir una transformación duradera. El camino hacia un cooperativismo tecnológico verdaderamente inclusivo no será corto, pero este primer paso ya lo puso en marcha. Fuente: Ansol