Organizaciones de cuidacoches nucleadas en cooperativas advirtieron sobre el deterioro de sus condiciones laborales, la falta de actualización de ingresos y el riesgo de pérdida de puestos de trabajo en medio del debate sobre la regulación de la actividad.
El debate en torno a la actividad de los denominados “naranjitas” en la ciudad de Córdoba sumó un nuevo capítulo con la voz de las cooperativas que agrupan a estos trabajadores. Desde el sector señalaron que atraviesan una situación crítica y advirtieron que, en la actualidad, “administran pobreza”, reflejando el fuerte deterioro de sus ingresos y condiciones laborales.
Según indicaron, alrededor de 450 trabajadores organizados en seis cooperativas desarrollan esta actividad de cuidado de vehículos en la vía pública. Sin embargo, denuncian que hace más de un año no reciben una actualización en la tarifa, que se mantiene en valores muy bajos frente al contexto inflacionario, lo que impacta directamente en su sustento diario.
Desde las cooperativas sostienen que su trabajo constituye una fuente genuina de ingresos para sectores vulnerables, y remarcan que la organización en forma asociativa busca ordenar la actividad, garantizar reglas de funcionamiento y ofrecer una alternativa laboral dentro de la economía social. En este sentido, plantean que el cooperativismo aparece como una herramienta de inclusión frente a escenarios de exclusión del mercado formal de empleo.
El reclamo se da en paralelo a un contexto político y social donde la actividad de los cuidacoches se encuentra en discusión. Distintos sectores impulsan regulaciones más estrictas e incluso iniciativas para restringir o prohibir la actividad en determinadas zonas, lo que genera preocupación entre los trabajadores organizados.
Para las cooperativas, el principal desafío es lograr reconocimiento institucional, actualización de tarifas y condiciones de trabajo más estables, que permitan sostener la actividad sin caer en la precarización. También advierten que, sin políticas públicas que contemplen la realidad del sector, se corre el riesgo de profundizar la informalidad y la exclusión social.
El caso de los “naranjitas” organizados en cooperativas pone en evidencia una problemática más amplia: la tensión entre la regulación del espacio público y la necesidad de generar oportunidades laborales para sectores históricamente vulnerados. En ese escenario, el cooperativismo vuelve a posicionarse como una alternativa posible, aunque atravesada por desafíos estructurales que requieren respuestas integrales.
Fuente: La Voz –
